“EL TREN QUE SIGUEN ESPERANDO” Fotografias de Noé Rocha

Y sucedió lo que nadie imaginaba. El último tren de pasajeros dejó soledad, desempleo y lágrimas, muchas lágrimas que hasta la fecha son difíciles de contener.
“Vamos”,- dijo el garrotero con lámpara en mano y el tren de pasajeros que iba de Torreón a México pasó por última vez en la estación de Cañitas de Felipe Pescador. Efectivamente se fue y jamás volvió, ocasionando que los rostros de los vendedores ambulantes se quedaran pálidos, con sus canastas llenas de gordas y tortas que ofrecían por las ventanas de los vagones a los pasajeros
Hay quien aún no puede creer lo pasó en Cañitas y siguen esperando sentados en el sillón de la sala o en el corredor de sus viviendas que el tren vuelva, para preparar los antojitos que degustaban los paseantes.
El tren que pasó se llevó todas las ilusiones de un pueblo que no se quiebra en medio del semidesierto zacatecano a pesar de que dejó: Lágrimas, nostalgia, tristeza, dolor, angustia y familias solas, porque el apá se fue a buscar chamba al otro lado y a la fecha no ha regresado, ni manda dinero, porque a lo mejor ya encontró otra vieja allá en el norte, como suele suceder al vivir en un mundo donde hay muchas razas.
Don Juan Fernández camina todos los días por la estación del ferrocarril en Cañitas, tiene la esperanza de que el tren de pasajeros regrese. De repente escucha el ruido de una locomotora que mira a lo lejos, se emociona, espera con ansiedad y cuando arriba a las vías del pueblo, se da cuenta que es el tren de carga, agacha la cabeza, regresa a casa entre lágrimas y al día siguiente vuelve a hacer lo mismo, porque dice que a él le inculcaron sus padres que la esperanza muere al último.
[Gallery not found]Cañitas de Felipe Pescador se encuentra al norte del estado de Zacatecas, en 1958 lo declararon municipio. La enorme estación de ferrocarril que se instaló dio no sólo empleo a los hombres y mujeres del pueblo, también sostuvo económicamente a familias de vendedores ambulantes que, día a día y noche a noche expendían alimentos y dulces a los pasajeros.
Después de anunciarse la quiebra de ferrocarriles nacionales, entre 1992 y 1996 se llevó a cabo la liquidación de los trabajadores que vivían en Cañitas y en muchas ciudades de México. Fueron momento difíciles, pues lo peor estaba por llegar: Se derrumbó la economía, el desempleo y el nacimiento de un pueblo sólo y abandonado hasta la fecha.
Mientras que unos ex trabajadores se fueron con todo y familia a buscar la vida en otra parte de México y en los Estados Unidos, hay quien tuvo el valor de quedarse en la tierra que lo vio nacer y emprender alternativas de subsistencia en la agricultura, la ganadería o en lo que cayera, porque cuando hay necesidad, el hombre se vuelve mas creativo y jamás deja morir de hambre a sus hijos.
Los maquinistas, los fogoneros, los garroteros, lampareros, telegrafistas y cobradores ya no se pueden ver por la estación, sólo se observan hierros viejos, muchas vías y vagones que son utilizados como vivienda, porque no se tiene ingreso para una casa digna.
Aún con lo anterior, Cañitas de Felipe Pescador es un lugar mágico, donde se puede conocer la soledad que, a veces hace falta para olvidar las prisas de las grandes ciudades y ubicarnos en una realidad, donde la pobreza no tuerce al ser humano, sino que lo hace mas fuerte como las locomotoras de vapor que ahora se han ido de Cañitas para nunca volver.
El tren de pasajeros ya no pasa por la estación de Cañitas, y la gente que vendía sus dulces, gordas y tortas, se quedaron con las manos vacías, se han hecho viejos; sentados en una silla, todavía tienen la ilusión de que regresarán aquellos tiempos de bonanza en Cañitas de Felipe Pescador. Para desgracia de ellos, eso jamás sucederá y las lágrimas manarán nuevamente porque el tren de pasajeros no regresará, se fue para nunca volver…









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